El Día Internacional de Oración por la Paz es celebrado este 21 de septiembre por multitud de iglesias y organizaciones en todo el mundo, coincidiendo con el Día Internacional de la Paz que la ONU ha declarado para promover la invitación a reflexionar sobre las causas de la violencia y las discrepancias en todas las dimensiones. A través de esta invitación deseamos promover en nuestra Comunidad Educativa para que podamos orar, reflexionar y actuar juntos en favor de la paz, en conjunto a la Organización de Naciones Unidas y las diferentes comunidades podamos ser promotores de la esperanza y de la paz.
Esperamos que en este Día nos recuerde que, “la Paz no es solo un deseo mundial, sino una semilla que sembramos cada día con una sonrisa, un gesto de amabilidad y respeto hacia quienes nos rodean».
Según los principios de nuestra fundadora Mary Ward, estamos Llamados a ser agentes de cambios que promovamos el deseo de trabajar colaborativamente en esta misión donde la justicia social, de la paz y la equidad sean valores que guíen nuestro camino, transmitiendo el deseo de poder orar y trabajar por una nueva creación sin odio, y violencia mutua.
Según las enseñanzas del Papa León XIV, nos motiva con palabras de esperanza, las cuales nos señalan:
“La guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta. La idolatría ciega, el Dios vivo ilumina. Basta un poco de fe, una pizca de fe, queridos hermanos, para afrontar juntos, como humanidad y con humanidad, esta hora dramática de la historia. La oración, de hecho, no es un refugio para eludir nuestras responsabilidades, no es un analgésico para evitar el dolor que desata tanta injusticia. Es, en cambio, la respuesta más gratuita, universal y disruptiva a la muerte: ¡somos un pueblo que ya resucita!
En cada uno de nosotros, en cada ser humano, el Maestro interior educa a la paz, impulsa al encuentro, inspira la invocación. ¡Alcemos entonces la mirada! La oración nos educa para actuar. Las limitadas posibilidades humanas se unen en la oración a las infinitas posibilidades de Dios. De este modo, pensamientos, palabras y obras rompen las actitudes del mal y se ponen al servicio del Reino de Dios; un Reino que no hay mal; sino sólo dignidad, comprensión y perdón.
Volvamos a creer en el amor, en la moderación, en la buena política. Formémonos y comprometámonos en primera persona, cada uno respondiendo a su propia vocación. ¡Cada uno tiene su lugar en el mosaico de la paz!
Necesitamos no dejarnos arrastrar por la aceleración de un mundo que no sabe que persigue, para volver a servir al ritmo de la vida, a la armonía de la creación, y curar sus heridas. Como nos ha enseñado el Papa Francisco, ‘se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia’ (Carta enc. Fratelli tutti, 225).
Queridos hermanos y hermanas, regresemos a casa con este compromiso de orar siempre, sin cansarnos, y con una profunda conversión del corazón. La Iglesia es un gran pueblo al servicio de la reconciliación y de la paz.
Queridos hermanos, ¡la paz esté con todos ustedes! Es la paz de Cristo resucitado, fruto de su sacrificio de amor en la cruz. Por eso a El dirigimos nuestra súplica:
Señor Jesús,
tú venciste a la muerte sin armas ni violencia:
disolviste su poder con la fuerza de la paz.
Concédenos tu paz,
como a las mujeres asombradas en la mañana de Pascua,
como a los discípulos escondidos y asustados.
Envía tu Espíritu,
aliento que da vida, que reconcilia,
que convierte en hermanos y hermanas a los adversarios y enemigos.
Inspíranos la confianza de María, tu madre,
que con el corazón desgarrado estaba al pie de tu cruz,
firme en la fe de que resucitarías.
Que la locura de la guerra llegue a su fin
y que la tierra sea cuidada y cultivada por quienes todavía
saben engendrar, saben custodiar y saben amar la vida.
¡Escúchanos, Señor de la vida!
Amén
(Oración por la Paz de León XIV)
